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Glaciares y Cambio Climático, a dos meses de Copenhague

Martes, 20 de Octubre de 2009

 kglacier

La Argentina sufre de un mal estructural que arrastra desde hace varios años. Un mal que podemos catalogar como  ”decir  mucho, hacer poco” y sobre todo, en la esfera política la disyunción entre el beneficio personal y la soberanía nacional.

Muy pocos son los argentinos que pasaron por el gobierno y se los puede nombrar dignamente. Y no estoy hablando de los momentos cuando el país estaba en sus horas de convertirse en una Nación. Sino también en la actualidad. Todavía tenemos algunos argentinos, que se los puede nombrar con honra.

Pero que tiene que ver esto con ¿cambio climático? Mucho, porque son las decisiones políticas las que nos han dejado en un punto muerto frente a esta amenaza global.

El año pasado, la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner vetó totalmente el proyecto de ley 26.418 sancionado por unanimidad en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y mayoría absoluta en el Senado de la Nación.

 

Esta ley se estuvo trabajando durante dos años con científicos, especialistas en leyes que concluyeron en una ley íntegra de protección del sistema glaciar y periglacial.

Después del veto, se desató un escándalo entre el sector político, grupos ambientalistas, damnificados directos, denuncias de corrupción hacia funcionarios públicos y senadores que tenían negocios precisamente, con la razón del veto: la industria minera.

Es por eso que a esta ley le pusieron el triste nombre de ley anti-minera (en un intento mediático quizás, de separar las aguas entre la población catalogando de anti-desarrollistas a quienes tuvieran algún disenso sobre la medida tomada por el Poder Ejecutivo Nacional).

 Sin embargo, en el Congreso de la República Argentina, se conoce la decisión de la Presidenta como el veto “Barrick” haciendo alusión a la empresa minera que habría presionado al gobierno, a través de gobernadores como José Luis Gioja (fuertemente vinculado, al igual que sus hermanos y el Sr. Mayoral, a este sector industrial)

Cuando hablamos de soberanía, no nos referimos a que la gente no trabaje. Tampoco a perder oportunidades de trabajo -en una Argentina donde por las políticas de diferentes gobiernos venimos padeciendo una inconcebible pobreza estructural, y una redistribución de la riqueza vergonzosa-

Si no que, nos referimos a analizar qué cosas son estratégicas para la Nación.

Sin duda el agua, es un recurso estratégico. Es algo que se viene hablando de hace varios años, pero que ahora, con el avance incontenible del Calentamiento Global, toma mayor vigencia.

Se habla de futuras guerras del agua, de oro azul.

Pero más allá de toda especulación hay una realidad, si bien las industrias son importantes para el crecimiento, no pueden destruir recursos ligados a la supervivencia de las economías locales y de la vida. El oro, no alimenta, no calma la sed. Sin agua, la gente se muere. Tan simple como eso.

Por tal razón es fundamental hacer un análisis estratégico, sin intereses económicos de por medio, y ver cuántas industrias se perderán, cuantas economías locales dejarán de existir, cuanta contaminación ambiental padeceremos, cuantas personas engrosarán el porcentaje de pobreza por cada emprendimiento minero que se desarrolle en la cordillera -fuente del 70% del agua potable del país-

Al Gore, que recientemente estuvo en nuestro país sostuvo: “Si Copenhague falla como ya falló Kioto, lo que se firme será como un zombi: ni vivo ni muerto, un obstáculo”

Esto demuestra una necesidad imperiosa de establecer una línea clara.

A menos de dos meses de la Cumbre de Copenhague, la República Argentina no tiene una postura establecida.  Y en gran parte, eso se debe a que nuestra Presidenta, luego del escandaloso veto a la ley 26.418, carece absolutamente de autoridad moral para sentar postura al respecto.

Mucho menos, cuando en el senado se está debatiendo una ley que responde a intereses de quienes quieren establecer industrias en nuestras fuentes de agua, como lo es la Cordillera de los Andes, una ley propuesta por nuestra Señora Presidenta.

Un dato no menor y para terminar, en el Perú no sólo el calentamiento global ha contribuido a la desglaciación, sino también las concesiones mineras en ecosistemas frágiles y vulnerables.

Axel Dourojeanni, consultor de organismos internacionales en materia de medio ambiente y recursos naturales y doctor en Ingeniería de Sistemas por la Universidad Estatal de Colorado, EEUU, señala que “hay zonas donde no debe haber minería y punto, lo cual no significa no a la minería a rajatabla y sin pensar en ninguna alternativa”.[1]

 


[1] Noticias Aliadas (http://www.noticiasaliadas.org/articles.asp?art=5945)

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